"TODOS SOMOS TODO."
Este espacio,prentende interpretar y canalizar tus inquietudes,sensibilidades y acciones ciudadanas.Por eso su nombre,"Todos somos Todo",por que juntos construíremos una mirada país,para los próximos tiempos.Su sello será la flor de los Alpes y Pirineos,llamada"Edelweiss"que significa"Escríbeme".Su aparente fraglidad sólo es un espejismo,ya que tras ella se oculta una flor increíblemente resistente capaz de sobrevivir a las temperaturas extremas de las montañas alpinas.
Datos personales
- Martita Canto
- Santiago, Chile
- Soy Lic.Cs. Políticas y Administrativas.Administrador Público.Provengo de una familia formada en el Servicio Público,mis familiares son parte de la historia de Chile,desde el Gral.del Canto,pasando por el primer Contralor General de la República Don Enrique Bahamondes Ruíz(1927) hasta mi querido abuelo,quién fuera Subsecretario de Educ.Pública bajo el Gobierno de Don Pedro Aguirre Cerda.Mi padre trabajó profesionalmente 58 años en la DIPRES.Ministerio de Hacienda. Un poco "matea y perfeccionista",estudiosa,trabajólica,mujer,hermana,seis sobrinos y tía de una pequeña preciosa,hija regalona y la tercera de cuatro hermanos.Me encanta leer,escuchar música y caminar.Además,soy Diplomada en Arte Mención Pintura de la U.C.Mi visión y misión en la política,es el servicio público con mayúscula.Hoy estoy orgullosa de servir a Chile,desde el Instituto Jorge Ahumada,donde soy su Secretario General. Diplomada en Prevención en Politicas Publicas en materias de Seg. Ciudadana.Magíster en Gobierno.Universidad de Chile.École Nationale d'Administration, ÉNA-Paris Francia.Reforma y Modernización del Estado-CLAD Guatemala.He sido académica en las Universidades USACH,U CENTRAL Y U.DE CHILE
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"TODOS SOMOS TODO"
domingo, 7 de agosto de 2011
sábado, 6 de agosto de 2011
La crisis y Piñera: ¿Cerca del síndrome De la Rúa?
El Quinto Poder.5 de agosto de 2011Por Luis Marcó
Compelido por algunos amigos a escribir una nota después de la encuesta CEP y las intensas protestas que coparon Santiago y otras ciudades, trato de pensar en algún elemento que no he considerado anteriormente o evitar alguna tesis ya expuesta. Tanto la encuesta CEP como el cariz que tomaron las manifestaciones son elementos predecibles. Es obvio que el ambiente empeora y no sólo en el barómetro de las encuestas, sino en la crispación general y el inmenso quiebre entre la ciudadanía y el gobierno. Para evitar los lugares comunes creo que hay dos aspectos muy relevantes tanto en la encuesta como en el manejo del conflicto estudiantil que pueden ser interesantes.
En lo que concierne a la encuesta CEP, la constatación de que la aprobación a Piñera sigue bajando y que ya alcanza niveles históricos (26%), abre un escenario impredecible que puede llevar tanto al populismo como a un período de creciente ingobernabilidad. Mi impresión es que vamos hacia lo segundo, una cuestión que puede ser incontrarrestable si Estados Unidos cae en recesión y los augurios económicos oficialistas, que vendieron la idea de un ciclo virtuoso para Chile, terminan yéndose al traste. Esta sola posibilidad debiera poner un poco de adrenalina al gobierno y a buscar una mejor gestión, algo difícil si tiene dificultades tan elementales como llenar cargos (no es casual que tenga que sacar a parlamentarios o alcaldes). Por cierto, a veces ni en eso tiene éxito como ocurrió con el frustrado nombramiento de la alcaldesa de Recoleta como subsecretaria del Sernam.
El otro punto interesante de la encuesta es la baja generalizada de los atributos de Piñera. Ya en el sondeo anterior algunos defensores del mandatario sostenían que los puntos débiles de Piñera podían recuperarse a fuerza de mostrar logros. En esta línea, la esquiva confianza era remontable por la fuerza de la evidencia en el cumplimiento de los compromisos presidenciales. No hay que ser muy agudo para ver que las cosas no son así y que basta recurrir a alguna canción cebolla para asumir que el amor perdido cuesta harto repararlo. Si la recuperación de un par de atributos era difícil, la depreciación general de Piñera en el mercado ciudadano denota una crisis mucho más profunda. Si la gente ya no piensa que es capaz de solucionar crisis ni que es tan “energético” (un descriptor bien raro que parece que hubiera metido los dedos en el enchufe), es claro que se asume que el Presidente ha manejado muy directamente y muy mal los conflictos. Esto refuerza la idea de un gobierno en crisis.
La pregunta de si es reversible esta crisis gubernamental no tiene una respuesta fácil. Por un lado, el contexto internacional se está haciendo dramáticamente desfavorable, lo que puede impactar la economía y para qué hablar del mal ambiente vecinal que ha cultivado este gobierno. Por otro, el Presidente aparece asediado por la UDI en un itinerario que no le acomoda y que le genera profundas contradicciones. Esta tensión favorece el desorden gubernamental y termina paralizando cualquier iniciativa. El errático debate sobre una eventual reforma tributaria es un buen ejemplo de ello. Si la Moneda tenía un déficit de gestión es claro que esto se puede acentuar, lo que nos pone en una línea que aventuré hace un tiempo: el síndrome De la Rúa. Un gobierno atrapado en sus líos internos y paralizado.
En lo referente a las movilizaciones de este jueves los dos factores de interés son bien disímiles. Uno es la legitimidad que ha alcanzado el movimiento estudiantil y la extensión que tiene, algo que parece muy evidente pero que el gobierno da muestras de no entender, en parte porque insiste en mantener una propuesta muy similar a la que expuso Lavín y porque tampoco ha claudicado en la tarea de estigmatizar el movimiento. Si para el oficialismo es tan complejo asimilar y abrir un diálogo real con los estudiantes, el precedente para las otras demandas sociales se traduce en nuevas medidas de presión. En este sentido, el endurecimiento de La Moneda al prohibir y reprimir las manifestaciones, lejos de disuadir contribuye a promover modos de protesta más radicales y a polarizar el país. Hasta aquí la promesa que ha cumplido Piñera es el haber puesto más policías en las calles, claro que no para parar la delincuencia que sigue en aumento, sino para controlar, filmar y detener a sus opositores. La ciudad se viste de verde y aún ni llega la primavera.
El otro elemento es que la advertencia del gobierno sobre la posibilidad de perder el año escolar es, en la práctica, un peso mayor para la actual administración. Desde el punto de vista de los movilizados es un costo asumible si con ello se obtiene cambios reales, pero desde el lado gubernamental el asunto tiene costos estructurales. Esa posibilidad implica un fracaso rotundo del gobierno y un escenario de crisis social de una magnitud sin precedentes. Si La Moneda se altera porque los estudiantes le ponen plazos, debería preocuparse más por tomar la iniciativa y dejar de esperar que se incendie Roma mientras César toca el arpa.
Una reflexión final, derivado de lo expuesto, es que tanto la encuesta como el desarrollo del conflicto indican que el gobierno carece de actitud y aptitud. La actitud nos habla de disposición, algo que no tiene que ver con un modo de administración sino con convicciones y un convencimiento íntimo. Los desequilibrios en la educación refuerzan la idea de un gobierno elitista, apegado a los negocios y al empresariado, algo que no se supera con mejores créditos ni con anuncios como el Sernac financiero. Al final son aspirinas que no mejorarán sustantivamente la desigualdad y la inequidad. En cuanto a la aptitud la definición del término no puede ser más clara: “suficiencia o idoneidad para obtener y ejercer un empleo o cargo”. Si la respuesta del gobierno es el uso de la fuerza y no ejercer un buen gobierno, la cosa cae por su propio peso.
domingo, 31 de julio de 2011
ReVoLuCióN Es Lo QuE qUiErO, PeRo ReVoLuCiÓn En LiBeRtAd: Cambio de gabinete y fortalecimiento político de l...
ReVoLuCióN Es Lo QuE qUiErO, PeRo ReVoLuCiÓn En LiBeRtAd: Cambio de gabinete y fortalecimiento político de l...: "Cambio de gabinete y fortalecimiento político de la UDI en el Gobierno de Piñera Fuente: http://www.tribunalatina.com/es/img2/nuevo-gobier..."
¿Cuál es el lugar de las humanidades en la sociedad actual?
Entre una aparente ausencia en el espacio público y un premio nacional que pone en un mismo saco a la filosofía, la sociología, el derecho y la economía, pero excluye a la historia, seis intelectuales chilenos diagnostican el presente de las ciencias humanas. Unos reivindican su presencia, otros cuestionan su invisibilidad, y algunos, incluso, celebran este atributo como un rasgo propio.
Juan Ignacio Rodríguez Medina
Lo dijo Martha Nussbaum en este suplemento: "La crisis de las humanidades es global". En agosto o septiembre, en Chile se entregará el Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, un galardón que reconoce "al humanista, científico o académico que se haya distinguido por su aporte en el ámbito de las Ciencias Humanas", y que tiene harto menos glamour y figuración que sus símiles de arte, literatura, e incluso historia, tan dados a las polémicas y los codazos.
Más allá de los deseos de figuración propios (o no) de cada disciplina, lo cierto es que las expectativas que genera el premio para las ciencias humanas no resaltan por ocupar las primeras planas. Será, tal vez, un resultado de la crisis de la que habla Nussbaum.
Pablo Oyarzún, filósofo y docente de la Universidad de Chile, habla de una "pérdida de significación global" de las ciencias humanas. Un retroceso que, paradójicamente, va acompañado de un avance: "En la dirección inversa -reflexiona Oyarzún- hay al presente un debate acerca de las humanidades y las ciencias sociales (y las artes, habría que añadir) que se ha encendido en muchos lugares. Se podría decir que el debate tiene en su centro la pregunta: ¿por qué las ciencias humanas? Es una pregunta por su necesidad. ¿Qué las hace necesarias? ¿Qué justifica que se fomente su cultivo y se invierta en ellas?".
Jorge Peña, director del Instituto de Filosofía de la Universidad de los Andes, también destaca esa paradoja: "Cada vez más se habla de la importancia de las humanidades, dado, por ejemplo, que las ciencias están desembocando en preguntas como qué es la vida o qué es el pensamiento. Entonces, hay una reivindicación de su importancia, pero acontece que es escasísima la gente que estudia humanidades".
En ese sentido, Humberto Giannini, Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales, piensa que -al contrario de lo que se cree- las humanidades han venido teniendo una vigencia muy fuerte en Europa: "La experiencia de lo monstruoso, de lo inconcebible, ha marcado la vida política, social, las producciones artísticas y literarias y, en especial, diría, la producción filosófica. Esto se refleja en el resurgimiento del tema ético menospreciado antes por el positivismo lógico y más tarde por Heidegger. Ha resurgido, y no por razones teóricas, especulativas, ¡sino por razones esencialmente éticas!", afirma.
Juan de Dios Vial Larraín, ganador del premio y miembro de la Academia de Ciencias Sociales (que aporta un jurado al galardón), opina que la "invisibilidad" de las humanidades no es un problema: "En un mundo dominado por el marketing, la publicidad y el rating, ¿qué otra cosa podría pasar con las humanidades, si éstas efectivamente gozan de buena salud? En una tierra donde Bello y Neruda han vivido, las humanidades no pueden ser invisibles sino para los miopes".
Humanidades, educación...
"Con las humanidades pasa algo parecido a lo que con las artes: han perdido peso y presencia en la educación en la misma medida en que a ésta, rebajada a mera capacitación, se le considera como una suerte de precalentamiento para optar a buenas plazas laborales". La declaración es de Agustín Squella, profesor de la Universidad de Valparaíso y último galardonado en ciencias humanas, y apunta a la relación "demasiado estrecha" entre educación y trabajo como razón del retroceso de las humanidades.
A propósito de esa situación, Peña cita el énfasis que pone en las "competencias prácticas" el acuerdo de Bolonia, la reforma que llevan a cabo las universidades europeas para converger en sus programas. Además, se refiere a lo "muy pragmáticos" que se han vuelto los métodos para evaluar el quehacer universitario: "Se juzga lo que se hace por el número de papers , de revistas indexadas en las que se ha publicado", expone. A eso se suma, según él, una excesiva especialización que encierra a los investigadores "en cuestiones que interesan a un grupo muy reducido de personas".
Eduardo Sabrovsky, académico del Instituto de Humanidades de la Universidad Diego Portales, cree que lo anterior es el "costo" que han debido pagar estas disciplinas para ser parte de la "universidad contemporánea". Y agrega como elementos contrarios a la vinculación pública de las humanidades, la apuesta de los medios por lo "breve e impactante" y una especie de condición a priori: "En el caso de las ciencias naturales, de la tecnología, de buena parte de las ciencias sociales, la vinculación con lo público se da de manera natural (el diseño de políticas públicas, por ejemplo, en el caso de las ciencias sociales). Las humanidades, en cambio, no se ubican en ese terreno (el de lo útil; tampoco el de lo inútil, sino en el de lo no-útil). Por eso su dificultad de instalación en las sociedades contemporáneas".
...y ciudadanía
¿Qué hace necesarias a las ciencias humanas? La pregunta la planteaba Pablo Oyarzún, y su respuesta quedó en el aire. Un ensayo de respuesta lo dan las implicancias que tiene la crisis de las humanidades.
La mayoría de los entrevistados apunta a un empobrecimiento de la vida social y personal. Un empobrecimiento que debilitaría la vida comunitaria y, por tanto, a la democracia. Agustín Squella habla de sociedades con menor "diversidad y espesor": "Como ha escrito Martha Nussbaum en su libro "Sin fines de lucro", sin humanidades, o con éstas debilitadas, se pierde la capacidad crítica, se pierde también la capacidad de trascender nuestras estrechas lealtades locales y nacionales, y se afecta igualmente la capacidad para observar con compasión las dificultades y penurias de los demás".
"En Chile -opina Pablo Oyarzún-, el espacio público se ha atrofiado hasta la mínima expresión, la privatización se hace capilar. Y las humanidades tienen una responsabilidad inalienable por lo público. No porque se la arroguen, sino porque su tejido mismo es la conversación abierta, y el espacio público se forja en la conversación abierta de la comunidad. Conversación que no presupone títulos ni expertise ni competencias excluyentes. Eso mismo las hace, no solo amigas, sino agentes de la democratización. Quiero decir con esto que las humanidades son insustituibles en un sentido esencialmente político: son, directa o indirectamente, formadoras de ciudadanía. Su retroceso daña, precisamente, a la constitución de una comunidad con capacidad de deliberación y autodeterminación".
Luego, el problema de las ciencias humanas es el de la democracia, y entonces el de la educación. Una educación que, a juicio de Oyarzún, debiera ser permeada, "desde temprano", por las ciencias humanas: "No se trata de un simple ornato cultural, sino de aprender los modos de relacionarse con el mundo en las claves de la complejidad, la diversidad y la alteridad, que son las cosas en que aquellas son expertas". Dado ese lazo entre educación y humanidades, Giannini opina que "la democracia se renueva y se transforma en virtud del proceso educacional".
Mejor educación, dice también Squella. Pero no sólo en las instituciones que la imparten, también en las casas: "Cuando la pereza y la vulgaridad reinan en los hogares, no hay sistema ni política educacional que pueda tener éxito. ¿Cuántos que vociferan por mayor calidad en la educación dejaron de ir al cine y de entrar siquiera en las librerías?".
Concluye Juan de Dios Vial: "Las humanidades son casi un símbolo, históricamente consagrado. Merecen respeto, no solo por razones de cultura, sino de política superior. La filosofía, la historia y las letras son figuras clásicas de las humanidades. Pero, ¡qué duda cabe!, también en la física o la biología, la economía o la sociología, y en todos los campos de las ciencias y las artes, son muchos quienes, aparte de su disciplina específica, bien merecen pertenecer a las humanidades. Piénsese en grandes contemporáneos, como Einstein, Planck, Heisenberg, Prigogine, Weber, Levi-Strauss o Chomsky, y tantos otros; pintores como Klee o Matta, o músicos como Messiaen y Arrau. ¿No pertenecen, acaso, a las humanidades de hoy?".
Un cajón de sastreEl Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales aúna una variedad de disciplinas, como la filosofía y la economía. ¿Esa mixtura no les resta visibilidad a las ciencias humanas? "Los premios reflejan las realidades que se viven, no las configuran" , responde Agustín Squella. Y agrega: "Pero se haría bien en difundir e impulsar la propuesta de cambio en nuestra completa ley de premios nacionales que formuló hace varios años el directorio del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes , y que duerme en alguna parte" (algunos de esos cambios son traspasar la dependencia de algunos premios hacia el Consejo, precisar el ámbito de algunos y ampliar los jurados).
"Hablar de humanidades y ciencias sociales -señala Juan de Dios Vial- es como sumar peras con manzanas. Son recursos clasificatorios que pudieran considerarse viciados desde la partida. Tanto como juntar la escultura con la música o el teatro, o la geología con la matemática. No les pidamos a las leyes que otorgan premios demasiado rigor epistemológico. Peor sería que no los dieran ". Similar opinión tiene Pablo Oyarzún, para quien no hay ni premios ni clasificaciones perfectas: "Cuando uno se asoma al catálogo de disciplinas de la Unesco y ve lo que cae en suerte a las humanidades y las ciencias sociales, retrocede con una mezcla de pavor y perplejidad. Sin embargo, no está mal que exista el premio". Ahora, dado lo "abigarrado" del cuadro, Oyarzún propone "otorgar el premio año a año alternadamente: humanidades una vez, ciencias sociales otra . Postulaciones no van a faltar", señala.
Concluye Eduardo Sabrovsky: "En el quehacer de las humanidades , este premio, más allá de que existe, y en la medida que existe hay que procurar que se otorgue de la mejor manera, no tiene ninguna importancia ".El Mercurio 31 julio 2011
sábado, 30 de julio de 2011
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